¿LA ESPOSA DE YHVH?
Durante siglos los israelitas veneraron a la diosa Asherá. Su estatua de
madera podía admirarse en el Templo de Jerusalén. Pero en el siglo VII a.C. el
rey Josías promovió una revolución monoteísta, suprimió su culto y dejó a Yahvé
como divinidad exclusiva.
Fue una buena decisión, pues contribuyó a subrayar la unidad y
trascendencia divina.
Sin embargo, la erradicación de Asherá dejó a los israelitas sin
divinidad femenina. Sólo quedó el Dios masculino Yahvé. La carencia de una
diosa hizo que, a partir de esta época, comenzaran a aplicarle a Yahvé ciertas
imágenes "maternales" y expresiones "femeninas", algo que
nunca antes se había hecho.
Así leemos, por ejemplo, a Moisés que le recuerda a Dios que él es la
madre del pueblo, y que lo ha dado a luz. Más adelante, el profeta Oseas
describe a Dios con conductas maternales: “Cuando Israel era niño, yo le enseñé
a caminar, y lo llevé en mis brazos. Yo era para ellos como quien alza a un
niño hasta sus mejillas, y me agachaba para darle de comer” (Oseas 11:1-4). Pero
es Isaías quien contiene los ejemplos más osados de "femineidad
divina". Le hace decir a Dios: “Yo estaba mudo… pero ahora grito como una
parturienta, resoplo y jadeo entrecortadamente” (Is 42:14), conmovedora imagen
tomada de una escena del parto. Más adelante, describe a Dios preguntándose:
“¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho, o al hijo de sus entrañas? Pues
aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15).
La utilización de las imágenes femeninas para hablar de YHWH, da testimonio de una cierta conciencia de los límites inherentes en un discurso monoteísta, presentando al Eterno como a un Dios exclusivamente masculino.
Contrariamente a las afirmaciones de ciertos críticos, es necesario
notar que la Biblia hebrea contiene igualmente conceptos "femeninos"
para hablar de Dios.
Sin embargo, permanece en pie el hecho de que Dios nunca es llamado
"madre" ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Esto se explica
sin duda, por el contexto socio-cultural en el cual nacieron los textos
bíblicos, puesto que han sido escritos por hombres (era consecuentemente
natural que fuera así y no dolosamente, como algunos académicos lo afirman), no
nos sorprendamos entonces que en ellos la representación del Creador sea, ante
todo, la figura de un padre.
(Continuará).
Bibliografía sugerida: Monoteismo y poder, Thomas Römmer.



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